De todas las formalidades sujetas a crítica, la del buen gusto obligado es la que más tienta al desánimo.
Todas las noches frente al espejo, todas las horas frente la esfera; mas el exiguo tiempo dedicado a mejorar lo imposible, o a extender los designios de este largo e impasible tic tac, norman las ojeras y la soñera sensación estival.
Por lo demás, todo bien, cariño.
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