Admito sin ningún tipo de temor y con mucho orgullo que Orson Welles es una figura muy importante en mi vida.
Le conocí no hace mucho, mientras dejaba caer una bola de falsa (pero ilusionada) nieve envuelta en cristal y espetaba "¡Rosebud!" a la vez que exhalaba su último aliento.
Más tarde le vi recorrer las cloacas de Viena, huyendo de la policía y de su peor enemigo: su mejor amigo. Entonces, el tercer hombre resultó ser el primer protagonista del engaño, y de su muerte. Mas todo engaño acaba atrapando a su progenitor. La mentira devora la inmensidad del océano que pretendemos atravesar de puntillas, pellizcando con las uñas la piel del mar.
El arte de recrear la mentira, tejida en celuloide, y darle cierto glamour en formato existencial. El séptimo arte llegó a la séptima posición precisamente por él. El futuro se encargará de rebajarlo hasta el número sesenta y nueve.

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